¿Y si la creatividad no es un don sino una deuda?
En Chile tenemos algo sobre lo cual construir, ya que nuestras niñas y niños muestran potencial para la divergencia, para imaginar escenarios y generar historias. Lo que los datos también muestran es que nos cuesta más evaluar qué idea es mejor, mejorarla y aplicarla para resolver un problema social o científico. La chispa está ahí y lo que falta es entrenar el foco y el propósito.