Un legado de cuentas sin cuadrar
Errores de proyección, metas incumplidas y un déficit mayor al comprometido configuran una herencia fiscal compleja, que obligará a la próxima administración a recomponer cifras y confianzas.
Errores de proyección, metas incumplidas y un déficit mayor al comprometido configuran una herencia fiscal compleja, que obligará a la próxima administración a recomponer cifras y confianzas.
Bajo la retórica del reajuste y la estabilidad laboral, el Gobierno impulsa un proyecto sin financiamiento real, introduce cambios estructurales por la vía rápida y traslada el costo político y fiscal a la próxima administración. En simple: promete hoy y será el gobierno siguiente el que pague.
Quizás el problema nunca fue el pituto en sí, sino quién lo ejercía. Porque al final del día, el Estado no se transformó en un espacio más transparente, más justo o más meritocrático. Solo cambió de manos. Y con ello, cambió también el tono: menos pudor, más autoindulgencia y la persistente convicción de que el poder, cuando es propio, siempre está justificado.
Chile llega a este nuevo ciclo con una ciudadanía escéptica, cansada de promesas maximalistas, de diagnósticos rimbombantes y de políticas públicas mal diseñadas o derechamente improvisadas. En ese contexto, el primer desafío del nuevo gobierno será dar un golpe de timón claro: mostrar que hacer las cosas bien, con responsabilidad, apego a la evidencia y respeto por las reglas, sí tiene efectos concretos en la vida de las personas.
El Nobel otorgado a María Corina Machado es una invitación a mirar con mayor detenimiento lo que ocurre en la región. No como un ejercicio comparativo superficial, sino como un recordatorio del deterioro institucional que puede instalarse silenciosamente cuando se normalizan discursos que minimizan el autoritarismo y demonizan a quienes lo denuncian.
Esa vigencia contrasta con la figura del presidente Gabriel Boric, que representa justamente lo contrario. Él encarna la antítesis del espíritu gremialista: una política identitaria, ruidosa, centrada en el gesto más que en la obra.
Más allá de los tironeos en las partidas y las victorias simbólicas, el verdadero desafío está en determinar si este presupuesto fue elaborado con números sólidos o con exceso de creatividad técnica.
Cada elección, por pequeña que sea, reordena los incentivos del Congreso y del Ejecutivo. Lo que antes era cálculo político hoy parece ser supervivencia.
Elegir buenos parlamentarios es mucho más que elegir nombres; es apostar para que las discusiones que nos definen como país —sobre seguridad, crecimiento, derechos o libertades— se den con el nivel, la altura y el rigor técnico que Chile merece.
Con la misma seguridad con que se anuncian reformas que nunca despegan, insistió en mantener su proyecto “tal cual”, como si la crítica técnica fuera un mero capricho político.